Renacer desde la DEMOCRACIA SOCIAL es la buena nueva

El presente artículo en rigor no es sino la continuación del anterior referido a la movilización del 21 de febrero.

Habiendo pasado una semana y con el ánimo más calmado, tal vez podamos desarrollar una mayor racionalidad que la expresada en aquel otro.

El título del presente es una frase que ocupaba el centro del anterior.

El 21 de febrero no fue la primera vez que se movilizaron en forma conjunta organizaciones sindicales y movimientos sociales.

Pero el 21 de febrero hubo mucho más que reivindicación y reclamo. Fue la expresión de una voluntad popular de ocupar el centro de la vida política; reconocer el protagonismo de las orgánicas que expresan, hoy por hoy, de forma fehaciente, tanto el anhelo como la realidad de la justicia social misma.

Imperfecta, pero insoslayable. Genuino poder popular tal como es posible en lo real. Autenticidad patente del Movimiento Nacional con su propia legitimidad y legalidad. En una parte coincidente con la institucionalidad…pero en su mayor parte autónoma y basal, enraizada solamente en la vida profunda de los humildes y marginados, de los trabajadores.

En el anterior artículo también señalaba el riesgo de tomar el camino corto.

Evitar el camino corto es renunciar a la rosca, a los acuerdos de cúpula, renunciar a vivir entre “gallos y medianoche”. Asumir la responsabilidad -echarse al hombro la Patria y el pueblo- de convocar a todos los que están dispuestos a reencontrar y refundar el bien común.

Que están dispuestos a acordar qué, cuánto, cómo y cuándo. Es decir, aquellos que de inicio son capaces de renunciar a “el merecimiento”.

Evitar el camino corto es no ponerse a dirigir las formas de la participación. Las formas que deba asumir esta participación están abiertas a la consideración de quienes serán responsables de la misma, porque participar es estar conscientemente dispuesto a acordar, acuerdo que tiene dos actitudes racionales concretas, exigir y deponer, renunciar.

Evitar el camino corto es, por ahora, no pensar en el “frente”, sino accionar ahora la movilización y la voluntad general. Evitar pensar ya “en la campaña”, el “programa”, porque todo eso obliga a reducirse al partido, estrecharse en los límites del Estado. Limitarse al “¿cuánto cuesta?” y ponerse a recaudar en las city’s de la Argentina. Porque sin movimiento nacional operante, la próxima campaña armada con las reglas de los Durán Barba, costaría más de 2500 millones de pesos. No es para cualquiera esa bota de potro. Otra vez sería para aquellos que hubieran arreglado la cuenta corriente.

Es decir, evitar el camino corto (que es el que ya animan Clarín y la Nación, para quienes todo se reduce a “muchachos  hagan la unidad de todos con todos, enciérrense en la interna, pero, eso sí, democrática y de buenas y amigables maneras, no den malos espectáculos, sean modernos y educaditos”), es animarse desde el comienzo mismo, no después, a trascender la concepción liberal que solamente reconoce a los partidos políticos.

Estos todavía hoy son necesarios para presentarse a elecciones. Pero las elecciones son el último momento de la larga cadena de construcción de la voluntad popular en  Movimiento. Esto es lo primero, así se elegirán, después, los “candidatos”, ese fue el secreto del “dedo de Perón”.

El movimiento nacional es el ejercicio de la política popular.

La política popular es mucho más que el mero “arte de lo posible”.  Ya sabemos que tal camino empieza en “el arte de lo posible” y rápidamente se convierte en “es lo único que se puede”.

Es el arte y la ciencia de GENERAR POSIBILIDADES. DE GENERAR OPORTUNIDADES. DE APROVECHAR EL DESPLIEGUE DE TODAS LAS POTENCIAS.

Es la garantía adecuada, en acción y presencia.

La versión anterior del Movimiento Nacional dejó puesta una vara muy alta, la cual, está claro con cuanto está sucediendo, sigue presente en el subconsciente y el imaginario popular; y también en la racionalidad de muchos de sus dirigentes y cuadros intermedios, de base y sociales: el camino político de la revolución (y también su objetivo inmediato) es la democracia social.

Democracia social es sinónimo, por excelencia, de participación. De amplitud de miras y dinámica de inclusión. Cultura del encuentro hecha realidad desde el acercamiento mismo superando por auto.ajuste -no olvidando ni postergando- el propio interés. Es la gobernanza de la solidaridad, la devolución y la otredad. Como sigue ocurriendo -a pesar de todo-, entre los que nada o poco tienen, aquellos a los que todo les cuesta “un Perú”.

El 21 de febrero renació orgánicamente la Democracia social.

El desafío es grande. Renunciar al camino corto es animarse a convocar a todos los argentinos dispuestos a echarse la Patria al hombro.

Es animarse a retomar la alta vara inconclusa.

Más que a elaborar “planes de gobierno”, convocar a discutir y ejecutar las formas y modos necesarios del poder popular. A garantizar que cada cual tenga según merezca por cuanto sea capaz de poner.

Todos somos necesarios. A todos la Patria nos necesita: trabajadores formales, informales; hombres, mujeres; estudiantes, académicos y científicos; religiosos, agnósticos y ateos.

Eso sí, dispuestos a construir poder popular es decir, otro ordenamiento que reestructure, orgánica y funcionalmente, en los términos de la comunidad organizada, capaz de  superar las estructuras heredadas del Estado liberal, incapaces de servir eficientemente las aspiraciones de nuestro pueblo.

El desafío es grande. Renunciar al camino corto es animarse a convocar a todos los argentinos dispuestos a echarse la Patria al hombro.

Esta democracia social incipiente, ¿será capaz de convocar y movilizar a los argentinos a plasmar el Modelo Argentino? ¿Nos animaremos a reunir en cada pueblo, en cada ciudad, en cada provincia, en cada región y finalmente, en el país, el Consejo para el Proyecto Nacional Argentino? ¿Conforme a la representatividad que sea dada por los distintos grupos sociales o destacadas personalidades independientes, contribuyentes cada cual a la formulación de proposiciones y aporte de ideas fundamentales?

Tenemos, para eso, garantía de última instancia. Operemos.

Entonces sí será que desde la democracia social podrá renacer el movimiento nacional.

Autor: oesan

Docente retirado

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